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La primera zurda mágica

Antes de la irrupción de Juan Arango en el balompié nacional como zurda de oro, de toque técnico, finura y remate a gol infalible, hubo alguien que marcó pauta en base a su talento nato y la proyección que alcanzó para la época. Hoy en día el maracayero es considerado el mejor futbolista del país, emblemático por la exitosa carrera que tiene. Criollo en México, España, Alemania y Estados Unidos, es respetado y reconocido por sus oponentes. ¿Cuántos deportistas venezolanos tienen una “religión”? Solo Juan puede jactarse de esto. 

Pero siempre están los que abren puertas y que hacen el trabajo sucio para abonar el terreno del que viene atrás, especialmente dentro de un futbol que no era rentable o reconocido. Antes de los Jorge Rojas, Gabriel Urdaneta, Juan Arango o Luis Manuel Seijas, hubo una primera zurda prodigiosa que usaba el número 10 y tenía dentro de su repertorio velocidad, contundencia y un buen trato al balón. Stalin Rivas hizo posible que el futbolista venezolano emigrara, abriendo una era que inició en 1991 por su traspaso al Standard Lieja y posteriormente al Boom FC, equipos de Bélgica; y que ahora suman 80 embajadores Vinotinto, la mayor parte de ellos en Europa. 

Su pierna educada y a la vez irreverente, igual que la personalidad del jugador, le dieron grandes credenciales para hacer este hito y proseguir su viaje hasta Colombia donde se enfundó la de Millonarios. Entre todos los venezolanos en el exterior su carrera no ha sido la más exitosa, de hecho, en el Standard solo disputó un partido; sin embargo, el legado del volante ofensivo abarca a los equipos de moda en el país para aquel entonces, títulos nacionales y récords personales que le valieron el apodo de “Mago”. 

Igual de frontal que su juego, Rivas siempre se identificó por su carácter fuerte y decir lo que no se quería escuchar. Por eso lidera la Asociación Única de Futbolistas Profesionales de Venezuela (Aufpv) en favor de los derechos de los protagonistas del deporte, sobre todo ante las gerencias, a las cuales ya se enfrentó cuando jugaba como capitán de la selección nacional y que le hicieron renunciar a ella por no estar de acuerdo con el manejo de la Federación y el trato que se le daba a los jugadores. 

En ese momento La Vinotinto perdió a unos de los más talentosos de la generación. No obstante, por casualidades –si es que verdaderamente existen- sirvió para que poco tiempo después, futbolistas del calibre de Arango lideraran y surgieran, pasándoles la batuta indirectamente. 

En 1989 debutó con el combinado patrio y anotó su primer gol para el país, tenía 17 años y fue el más joven en hacerlo. Simultáneamente formaba parte de la plantilla de Mineros de Guayana que gracias a sus anotaciones logró su primer título. Precoz en el éxito, su carrera despegó hasta el viejo continente hasta 1993 cuando regresó a su tierra guayanesa y destacó con Minervén, el enemigo a muerte de los negriazules. 

Fueron subcampeones de Liga y Copa Venezuela ese año, Minervén tenía un juego atractivo, de toque y posesión, que catalogaron “Ballet Azul”. Trascendieron hasta los cuartos de final de Copa Libertadores 1994 en el que el máximo goleador del torneo fue el Mago Rivas. En la Copa Conmebol avanzó a la misma fase eliminando a Botafogo.

Con Caracas FC logró tres ligas en dos periplos con la institución. Stalin tuvo una carrera de 18 años, que fue apagándose gracias a las lesiones, pero que no opacaron los destellos de talento que siempre le caracterizó y demuestra que si algo ha dado esta tierra, son zurdos prodigiosos.