Aristóteles Romero: vigor y entrega
Otro talento surgido de Calabozo, un hijo del llano venezolano que le apasiona cabalgar y jugar con la redonda en sus pies. De la era del 95, disciplinado, templado, soñador y enérgico, así es Hermes Aristóteles Romero.
Empezó a enamorarse del fútbol muy pequeño, desde sus raíces: “Las calles de mi barrio, en los estacionamientos, en la escuela, allí nació ese sentimiento que me motiva siempre.” Con apenas 14 años llamó la atención del equipo de su localidad: Arroceros de Calabozo.
“Tuve la bendición de iniciar en la Segunda División, desde allí me di cuenta que quería ser un profesional total. Mi papá me empezó a apoyar, me llevó a distintos equipos, mi familia siempre estuvo, ha estado y estará conmigo.” La idiosincrasia del venezolano lo llevó a practicar el deporte más popular del país: “Antes jugaba béisbol, también un poco fútbol, hasta que me di cuenta que el fútbol es lo más lindo, algo más emocionante, me atrapó”
Aristóteles ha tenido un largo recorrido en el balompié nacional para su corta edad, buscar oportunidades en diferentes instituciones lo ayudó a trazar un objetivo y comprender las exigencias del mismo: “En mi paso por el Caracas FC me illustré de lo que era un equipo profesional, lo importante de la Copa Libertadores, pensar en la selección, codearse con los grandes. Nacieron mis ganas de superación.” Ha estado con el Monagas SC, Atlético Venezuela (filial), Carabobo FC, Deportivo Lara y Mineros de Guayana. Tiene 21 años.
Sus formadores futbolísticos se resumen en las personas que apostaron por él, lo potenciaron como deportista y le concedieron una oportunidad para mostrarse: “Alcides Betancourt estuvo conmigo desde pequeño, me enseñó mucho dentro y fuera de la cancha, me apoyó, siempre me ha dado buenos consejos; al igual que mi papá, mi hermano y mi mamá. De profesional están Rafael Dudamel y Joseph (Cañas) me ha dado un valor grande en el fútbol.”
El biotipo de "Aristo" pudiese ser la clara definición del jugador tosco, robotizado, defensivo y poco participativo con el balón. Pero al contrario, le incomoda no entrar en contacto con la pelota, siempre quiere participar: “La posición que más me gusta es jugar de ocho porque siento que tengo más libertad en la cancha, puedo pisar el área contraria y propiciar jugadas de gol, De cinco no me gusta mucho porque me siento desesperado ver que mis compañeros juegan y yo me encargo solo de marcar.” Todavía atraviesa un proceso de maduración para la conversión en un ser más inteligente en la comprensión del juego.
Entiende los atributos que tiene para cooperar en un modelo o un sistema de juego, define sus propias virtudes como: “Sé jugar y robar, pisar el área, pegarle con izquierda o con derecha, características que en el fútbol venezolano hay muy poco” conjugando una mezcla de particularidades que lo distingue de otros mediocampistas.
Es un obsesionado del acondicionamiento corporal, una maquina en el gimnasio, se ejercita a diario sea en un local o en su hogar, la palabra flojera no existe en su vocabulario: “Tengo que cuidarme fuerte porque esa es mi empresa de trabajo, la que me da de comer, la que me da para poder trabajar todos los días, lograr mis metas, mis sueños, entonces mientras esté bien físicamente, ese aspecto no afectará nada mi mal rendimiento. Cuidar tu cuerpo es lo mejor que hay porque te permite hacer las cosas bien.”
La capacidad de sacrificio de Romero la materializa en su entrega por cada entrenamiento, cada partido, en todas las ocasiones que se le presenten tendrá la convicción de superarse. Joven y con un norte definido, sus buenas decisiones deportivas y personales serán lo que lo lleven a su conquista. Tiene toda una carrera por delante.
Firma: Armando Peña. Fotografía: Nancy Quijada


