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¡Inmessionante!


Con un Lionel Messi gigante, Argentina venció a Ecuador en Quito y consiguió el tan ansiados boleto al Mundial de Rusia 2018. La Albiceleste deja atrás una de las eliminatorias más reñidas de los últimos tiempos, dónde se cometieron muchos errores, tanto desde lo dirigencial como dentro del campo de juego, que deberá remendar para no volver a pasar sobresaltos. Lo importante: siempre es mejor arreglar los problemas cuando los resultados se dan de la mejor manera. Distinta sería la historia si el equipo comandado por Jorge Sampaoli se hubiera quedado sin disputar la máxima cita futbolística.

Pasaron 733 días desde aquella primera fecha de eliminatorias, donde Ecuador, en aquel entonces comandado por Gustavo Quinteros, daba el batacazo y vencía 2-0 a Argentina en el mismísimo Estadio Monumental. En aquel momento el entrenador Albiceleste era Gerardo Martino, y llegaba de una derrota durísima en la final de la Copa América frente a Chile.

Aquella caída inesperada frente a la selección ecuatoriana iba a ser el comienzo del debacle del Tata, que terminaría renunciando a su cargo una vez finalizada la Copa América Centenario, dónde una vez más, la selección Argentina caería en manos de Chile. Eso sí, en eliminatorias, Argentina se encontraba en la tercera posición y no corría el riesgo de quedar afuera. 

En aquel entonces, el plano dirigencial en la Asociación del Fútbol Argentino era catastrófico y se encontraba al borde de la desafiliación por parte de la FIFA. En ese contexto, se designó un "Comité normalizador" comandado por Armando Pérez, presidente de Belgrano de Córdoba (luego del bochornoso empate 38-38 en las elecciones, donde votaban 75 asambleístas). Fue aquí donde comenzaría una danza de nombres para ocupar el cargo dejado por Martino. Finalmente, el elegido fue Edgardo Bauza, criticado por la prensa y el público desde el primer momento.

El Patón estuvo al mando de la Selección por ocho partidos, donde fue muy irregular. Tres victorias, tres derrotas y dos empates. Sin embargo, el mayor triunfo de Bauza como DT de Argentina fue convencer a Lionel Messi de que volviera a vestir la camiseta celeste y blanca. Cabe recordar que luego de perder la tercera final consecutiva, Messi había renunciado a la selección, propiciando un verdadero golpazo al fútbol argentino.

El 29 de marzo de 2017 Claudio Tapia asume la presidencia en AFA y su primera gran medida es la destitución de Bauza y la contratación de Jorge Sampaoli, luego de una larga y polémica negociación con su club, el Sevilla español. He ahí una gran contradicción: se acepta sin ataduras la renuncia de Martino, un entrenador marcado por el buen juego de sus equipos; se contrata a Bauza, quien se distinguía por sus formas defensivas; y luego se llega a un acuerdo con Sampaoli, que tiene un estilo súper-ofensivo, al estilo Marcelo Bielsa. Si desde arriba no hay ningún proyecto ni hay una idea futbolística marcada, si tampoco hay referentes trabajando en las estructuras del fútbol argentino, las selecciones juveniles van de mal en peor y el recambio generacional nunca llega, no se puede pretender que dentro de un campo de juego las cosas funcionen como por arte de magia. 

Es por eso que tanto le costó a la Selección Argentina la clasificación a Rusia. Desde un principio aquellos nombres encargados de manejar las riendas del fútbol argentino pusieron por delante sus intereses personales antes que los de la estructura de un fútbol empobrecido, tanto desde el campeonato local hasta la selección nacional. Fue con la llegada de Tapia que las cosas comenzaron a funcionar de a poquito. Primero, con la creación de la famosa 'Superliga', dónde todos los clubes se pusieron de acuerdo en comenzar un plan de desendeudamiento y formar un campeonato realmente competitivo  (habrá que esperar para ver si realmente se cumple). Luego, se nombró a Sebastián Becaccece, mano derecha de Sampaoli, como entrenador de la selección Sub-20. Además, Pablo Aimar y Diego Placente, dos ex jugadores de la Albiceleste, fueron nombrados como entrenadores de las selecciones Sub-17 y Sub-15, respectivamente. De a poco, se empezó a ver un cambio en la estructura. Solo faltaba lo más importante, la clasificación al mundial.

No fue nada fácil para Sampaoli. Empató ante Uruguay en Montevideo y empató en el Monumental ante Venezuela, en lo que fue un resultado totalmente inesperado para los argentinos. Allí comenzaron las especulaciones: jugadores, cuerpo técnico y dirigentes pidieron a FIFA la habilitación de la Bombonera para recibir allí a Perú. El gran motivo era el supuesto calor de la gente, que se suponía iba a ser el jugador número 12. Luego del empate ante la selección incaica, quedó demostrado que el problema no era el aliento de la gente, sino el funcionamiento dentro del campo de juego, que si bien había mejorado, no era suficiente para conseguir una victoria.

Así fue como Argentina llegó al último partido. Con una mochila inmensa llena de presión, miedos e inseguridades. Los de Sampaoli comenzaron el partido frente a Ecuador estando en el sexto lugar, fuera de los puestos de clasificación. Necesitaba una victoria para asegurarse, al menos, el repechaje frente a Nueva Zelanda.

Era inimaginable un mundial sin la Selección Argentina. Inimaginable que la última selección subcampeona del mundo se quedara fuera de la cita mundialista. Ni hablar si te digo una Copa del Mundo sin Messi. Pero ahí apareció. Quedó demostrado que le mojaron la oreja durante la semana. Parte del periodismo, como así parte del público, fue muy crítico con el nivel del seleccionado y también con el nivel de Messi, que no marcaba desde la fecha 13, cuando de penal venció a Clauio Bravo y gracias a ello Argentina pudo salir victorioso ante Chile.

Con el partido 1-0 a favor para los ecuatorianos, y cuando la pelota quemaba en los pies argentinos, Messi se puso el equipo al hombro (como tanto se le pedía) y con un hat-trick impresionante metió a Argentina en Rusia 2018. Desahogo total, tanto para Lío como para sus compañeros, que festejaron un largo rato con el público presente en Quito, y luego hablaron con la prensa luego de un lóngevo año sin hacer declaraciones públicas.


Sin dudas un largo camino que terminó en final feliz, pero que deja muchas y muy importantes lecciones para el futuro del fútbol argentino. Será hora de dejar de lado intereses personales para el bien de nuestro amado deporte. En el plano futbolístico, Sampaoli y sus dirigidos dejarán de lado esa pesada carga y tendrán tiempo para hacer funcionar la ambiciosa idea del entrenador. Messi volverá feliz a Barcelona y seguramente recargará pilas para la próxima cita: el Mundial de Fútbol Rusia 2018, donde uno de los mejores jugadores del mundo buscará la gran revancha. Su gran revancha.

Por Alan Valdez. | En Twiter: @AlanValdez87. / Fotos: Infobae/Olé