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Leo Messi: la simpleza de ser el mejor


Hablar de Leo Messi es ya sinónimo de calidad y referencia. Ya son más de 10 temporadas consecutivas en las que el argentino lidera o integra el podio de los mejores intérpretes futbolísticos en el plano terrestre. Y cuando se es el centro de atención, es común ver el nombre del protagonista inmerso en cualquier diario, programa, debate o método que sirva como excusa para hablar de su rol e influencia; ya es costumbre. 

Pero, ¿qué más se puede comentar, analizar o canalizar de un futbolista que ostenta en su museo 5 Balones de Oro? La respuesta es simple: cuando eres el mejor en tu oficio, siempre habrá lugar para el ingenio, la renovación y la evolución. 

Eso, precisamente, es lo que ha dado a entrever Messi esta temporada. Quizá más que en cursos anteriores. Los retos para el rosarino en el 2017 fueron de exigente desgaste individual, más allá de no haberse traducido en distinciones colectivas o individuales. La mutación da, pero también priva de cosas que, quizá, no son lo indispensable en el momento. 

La llegada de Ernesto Valverde al banquillo de un FC Barcelona herido, hundido en un mar de carencias deportivas y problemas a nivel gerencial, ponía un lente de aumento más a la lupa atribuida a Messi. La responsabilidad del mejor futbolista de la historia del club se incrementaba y demandaba un aumento de la tasa de éxito generada por su figura. El cambio era inexorable, y así lo ha sido hasta ahora. 

Rol distinto, sometido a un abandono de la raya derecha para integrar una zona del campo (bien conocida) diferente, tirada hacia el centro y con libertad para moverse al lugar indicado para crear o finalizar. La salida de Neymar (fichado por el PSG), aceleró el proceso. El 4-3-3 rígido pasó a infectarse y transformarse en un 4-3-1-2 por momentos, en donde ese uno era el diez ampliando el campo y dando paso al mejoramiento del funcionamiento del equipo. 

¿El resultado? 15 goles en misma cantidad de partidos esta temporada (Liga + UCL) para él y transitar invicto de su equipo tras haber cumplido el primer tercio de la zafra. 

Paralelo a esto, la Selección Argentina se ubica como otro contexto, en donde la ‘’pulga biónica’’ cumple otro rol: es el amo absoluto del sistema. Lo que desarrolla como consecuencia de sus compañeros en Barcelona, lo cumple en su totalidad vistiendo la albiceleste. Y en ese contexto igual destaca, siendo el principal culpable de que su país esté en Rusia 2018. 

A tintes generales, resulta fascinante que un hombre que sume 523 goles, 197 asistencias y 30 títulos en 600 partidos con su club y sea líder exponencial y absoluto de su combinado patrio, siga sorprendiendo y mejorando su capacidad para jugar a la pelota. Los 30 años no son un problema para un Leo Messi que sigue haciendo de lo imposible una realidad. Porque la calidad no tiene fecha de caducidad cuando se es el mejor del mundo. 

Firma: Franco Valecillos (@Franco_vs) | Fotografía: Cortesía