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Violentos dentro de la cancha


En los tiempos que corren, las redes sociales se han convertido en un medio de exposición y denuncia de muchas situaciones desagradables. Una de ellas, ha sido la violencia de género. Mujeres que aprovechan el alcance mediático de páginas en cuentas de Facebook o Twitter para dar a conocer su experiencia o directamente para pedir ayuda.

El fútbol, deporte practicado por un porcentaje alto de la población uruguaya, no escapa de las mismas lógicas machistas que se encuentran en otros ámbitos de la sociedad. La mayor diferencia radica en que el ambiente del deporte, amparado en su situación de poder económico, hace todo por encubrir a los victimarios. Dirigentes, clubes, representantes, periodistas y hasta el resto de los futbolistas, optan por mirar para otro lado cuando la denuncia estalla.

La situación con el delantero del Club Atlético Cerro, antiguamente en Defensor Sporting Club, Héctor "Romario" Acuña, fue un tanto diferente. Grupos feministas de Uruguay se encargaron de acompañar cada aparición pública del deportista con recordatorios de la violenta experiencia y el hostigamiento al que sometió a su expareja, María Cabrera.

La propia perjudicada, luego de pasar por diversos tribunales e instancias judiciales que sólo lograron acuerdos parciales y poco beneficiosos, encontró en la red social del pajarito una contención y ayuda que sirvió para hacerle ver al grueso de los usuarios, la calidad de persona que era el acusado, muchas veces idolatrado por lo que pudiera hacer dentro de un terreno de juego.

Pero el ambiente del fútbol siguió en silencio. Ningún club, involucrado directamente o no, dio declaraciones y el jugador siguió formando parte de las convocatorias todas las fechas. Ningún medio de prensa deportivo hizo eco de las acusaciones, ya sea en diarios, radio o televisión. Todos corrieron la mirada y comenzaron a operar para acallar las denuncias.

Esto no solo ocurre en Uruguay. En Argentina existen varios casos como el del arquero de Boca, Agustín Rossi, acusado por su expareja, así como también ocurrió lo mismo con Ricardo Centurión. Sin ir muy lejos en el tiempo, en el mismo club xeneize, los colombianos Frank Fabra, Edwin Cardona y Wilmar Barrios protagonizaron violencia contra mujeres en una fiesta privada, y no recibieron ningún tipo de sanción por el incidente.

En resumen y para concluir, los machistas violentos involucrados en el fútbol, tienen mayores privilegios por su condición. Es deber de todos los participantes del espectáculo, sobre todo de los periodistas, dar a conocer estas situaciones y condenarlas. Aportes como este, solo buscan visibilizar la constante lucha de las víctimas y oprimidas.

Firma: @CorresponsalesL. Foto: Tenfield.com.uy