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Daniel Peredo: legado y voz de la Selección Perú


El tipo de los consejos a los ‘9’. El hombre que le tenía una fe barbara a quienes -sabía- podían dar más de lo que mostraban en ciertos momentos. Aquí, quiero hacer una pausa antes de adentrarme en la concentración que requiere redactar algo sobre este señor.

¿Qué no se ha dicho? ¿Qué especial no se ha transmitido? ¿Qué más puedo aportar a manera de homenaje? Estas interrogantes rondan por mi cabeza en este instante, y es que quiero estar a la altura de quien nos apegó a la gloria al escuchar su voz.

Hablar del maestro Daniel Peredo es hablar de una persona que fue amante de su vocación. El señor del comercial de Cañonazo, tuvo tiempo para empujar la pluma, tuvo tiempo para hacer crónicas en televisión, tuvo tiempo para alzar la cebecita y sentirse narrador. Con ese empuje, con ese pundonor se adueñó del corazón de todos.

Apareció él, en el final de los fracasos de nuestra blanquirroja, que con su voz nos hacía sentir que el del canal de cable era un hincha sufrido. Un loco bueno, un soñador ciego, que pensaba en gritar goles de clasificación a un mundial. Nuestro acompañante en tardes de fútbol solitarias o con familia. ¿Qué voz se escuchaba de fondo en los abrazos con tu viejito o con tu mamita? ¿Eran la de él, verdad? Su voz era el amenizar perfecto a nuestra felicidad.

Sus gritos de goles, ponían en acción esas sonrisas que, hoy te las llevas, pero que haces que nos volvamos abrazar. Nos dejas para que juguemos un Partido Aparte y aguantemos. Aguantemos porque la verdad que es duro. Sin embargo, quiero darte algo, quiero que sepas que dejaste un enorme legado de amor e identificación por la blanquirroja, además fuiste y seguirás siendo el gran motivo para que muchos (como es mi caso) se aventuren en el periodismo deportivo.

Este verano traidor quiere disipar toda buena ansiedad arrebatándonos al mejor, nos han rasgado de manera fatal. La verdad que es trágico saber que ya no habrá “Un gol más va a haber”, “Consejo de pata, anda al área” y tantas otras frases más que sin querer patentaste. Es triste. Solo encuentro consuelo en… no, mentira, no lo encuentro. 

Combinaste talento con alegría: la pusiste abajo -como te gustaba- para salir jugando en pared con los que supieron reconocer ese talento que pocos tienen. A nosotros nos tocará tratar de heredar un poquito de ese genio que fuiste.  

Y, ahora cuando te escuchemos pasarán cosas: las lagrimas acudirán a nuestro rostro al recordarte. Sin duda, no es el mejor final que me ha tocado redactar. Quizá, el de arriba, quiso mirar el partido con la narración tuya, pero no; no era hoy, no eras tú…

Firma: Jhair Chancafe (@JhairChancafe10 ). Fotografìa: Agencias