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Brasil 82: el último y verdadero ´jogo bonito´


El rival que enfrentaban se asustaba tan sólo de escuchar el nombre, fue uno de los mejores equipos de todos los tiempos, fue una máquina formidable de ataque, una constelación de estrellas juntas que probablemente nunca se vuelva a ver y eran los favoritos para ganar el Mundial de España 1982. ¿Lo hicieron?, no; porque en el destino no estaba que la selección brasileña más vistosa que haya existido se coronara como campeón.

Brasil tenía una deuda con su historia mundialista. Gracias a un par de generaciones de genios, lideradas por Edson Arantes do Nascimento (Pelé), habían conseguido alzar tres copas mundiales en cuatro ediciones, algo nunca antes visto en el fútbol. Pero lo que vino después del título de 1970 fue una década de decepciones.

En el mundial que se celebró en la Alemania Occidental en 1974, ya sin el ´O Rey´, la ´canarinha´ mostró una cara pobre, tratando de exprimir los últimos alientos de los hombres que habían conseguido los certámenes anteriores. En el 74´, quedaron fuera con la Holanda de Rinus Michels, quién daba los primeros pasos del concepto de ´fútbol total´. En 1978, brasil quedaría afuera justamente ante el local, Argentina, tras un tenso empate sin goles que sentenció a la ´verdeamarelha´ por gol diferencia. El balompié carnaval, considerado anárquico por muchos, había quedado sepultado por el orden y al frialdad de la idea europea.

Pero todo cambió en la previa del Mundial 1982. La cantera brasileña había producido una nueva camada de talentos, tal vez incluso mejor que la consiguió los títulos previos a ese año, ya que no existía jugada ofensiva que esos muchachos no puedan elaborar. Y si, se los comparaba sin miedo a equivocarse con la Brasil del gran Pelé, y con justa razón.

Zico era el alma de esa selección. Apodado como el 'Pelé blanco', perdió tal vez trascendencia porque lamentablemente fue opacado por las maravillas de Diego Armando Maradona. Gambetero como ninguno, con una habilidad excepcional para el pase y rematador preciso con balón en movimiento y también de pelota parada. Pero no estaba solo, lo acompañaban hombres como: Sócrates (un delantero alto pero con un dominio de esférico impresionante para un futbolista de su tamaño), Falcao (un volante al que le encantaba la filigrana y tenía una certera resolución de cara al arco), Eder (extremo veloz con una especialidad en tiros libres), Cerezo (mediocampista virtuoso) y Júnior (un lateral izquierdo que con su proyección se convertía en creador). Todos dirigidos por el gran Tele Santana.

Una constelación destinada a la gloria.

El Mundial que no fue

Los 'condenados' de caer en el grupo de la 'verdeamarelha' fueron la URSS, Escocia y Nueva Zelanda.

Sin problema alguno, Brasil superó sus tres compromisos. Con algunos sobresaltos venció a la Unión Soviética por 2-1, pero luego la máquina comenzó a funcionar de maravilla y la 'canarinha' terminó superando 4-1 a Escocia y 4-0 a la novel Nueva Zelanda. De esa manera, el equipo de Santana llegaba a la segunda fase manteniendo su condición de invicta, favorita y el terror de las demás selecciones.

La extraña forma en la que Polonia y Bélgica ganaron sus respectivos grupos, hizo que Brasil quedara emparejada en el grupo de la muerte para la segunda fase. Italia y Argentina quedaron junto al combinado liderado por Zico y ahí fue donde el destino decidió darle el revés a uno de los mejores planteles de la historia del balompié.

La 'azurra' llegaba con pocas expectativas por el bajo rendimiento de la primera fase y su gran figura, Paolo Rossi, lejos de si gran nivel y saliendo de una suspensión de dos años. Los italianos vencieron por 2-1 a la Argentina de Menotti y un Maradona extraño por la posición en la que era utilizado. Los brasileños también se aprovecharon de la albiceleste, ganando por 3-1.

Lo que ocurrió en el último duelo es conocido como La Tragedia de Sarriá.

Un empate le bastaba a Brasil para comprar su pase a semifinales y por como llegaba su rival, Italia, parecía que todo iba a seguir encaminado a la coronación. Pero ese día murió el 'jogo bonito' y se impuso la vehemencia y el orden, la Italia de la hazaña y que no entendió de imposibles, eliminando a la fiesta del fútbol, a los que jugaban con alegría y se ganaban el aplauso del público...como lo dijo el mismo Tele Santana en el vestuario: "la selección que jugó el mejor fútbol en aquel Mundial".

El verdugo impensado de aquella jornada fue Paolo Rossi, que con un hat-trick selló el destino de aquella cita mundialista. 3-2 concluyó el cotejo, los goles para Brasil fueron obra de Sócrates y Falcao, pero al final se impuso la inteligencia, la efectividad y el saber matar al juego vistoso.

El Brasil de la gente quedó eliminado, porque ninguna otra selección de aquel país le llegó al corazón del hincha como esa. Por eso es que en las calles de Río de Janeiro y muchas otras ciudades, se recuerda con más cariño a aquella 'canarinha' del 82, por encima de los campeones del mundo de 1994 y 2002, porque ellos le enseñaron al mundo el 'jogo bonito'...y junto a ellos también murió.

Firma: Mauricio Céspedes (@MauriCespedesR); Fotografía: Internet